Kintsugi: La alquimia de lo roto

Me corté en pedazos para encajar

May 03, 20267 min read


Fragmentada por el silencio: El fin de la invisibilidad

Durante mucho tiempo, guardé mi práctica de canalización y lectura intuitiva en un lugar muy íntimo, casi en penumbra. Esa era mi intención, y mi "idea interna" de protección. Sin embargo, me di cuenta de que el esfuerzo no sirvió mucho: los dones siempre se salen por los poros. Si miramos a la naturaleza nos enseña que tarde o temprano nada se puede contener.

Durante años intenté lo imposible: siento que me corté en pedazos para que esa parte de mí no saliera. Guardé silencio y mantuve mi trabajo en reserva, fragmentándome para encajar, para operar en el mundo sin que esa "intensidad" me hiciera parecer demasiado loca o fuera de lugar.

Al principio, la información me llegaba a través de las manos; sentía los dolores, los pensamientos de los demás como si fueran míos. Con el tiempo, no necesité poner más las manos, solo empecé a recibir la información.

Conocí a personas con dones increíbles que eran padres y madres absolutamente normales, poniendo su canal, su videncia al servicio de la vida.

Pero también vi la otra cara: He visto ese "traje de espiritualidad" que nos venden en las tiendas de la iluminación: esa ropa de voz suave, sin opiniones, sin bordes, sin riesgos. Un traje que te promete paz pero que, en realidad, te asfixia tu chispa, tu alegría de vivir.

Nos han dicho —con muy buena intención, pero con poca honestidad— que el ego es el enemigo, aun en estos tiempos creemos que debemos ser como una llama en un lugar sin viento: estáticas, impasibles y por sobre todo fuertes . Pero, ¡en serio! ¿quién puede ser una llama estática cuando la vida te está soplando un huracán en la cara? ¿Quién puede "vibrar alto" cuando el corazón te pesa como una piedra?

además, ¿Qúe es realmente vibrar alto? este tema es para un próximo post.

Es imposible integrar “esa espiritualidad” cuando una está en la lucha por sobrevivir y la realidad cotidiana es difícil. Es difícil esa espiritualidad cuando se está criando sola, cuando no logras lo que se supone que deberías en tu trabajo, cuando tienes dificultades con tus hijos, con tu pareja. A veces la vida es un desastre y nosotra/os también.

Hablemos de una verdad (por lo menos esta es la mía)

He visto el lado oscuro de la búsqueda: esos "maestros" que usan su visión como un mazo para construir pedestales, rodeándose de súbditos en lugar de amigos. He visto esa espiritualidad fría que llama "desapego" a la incapacidad de abrazar el dolor ajeno, a sus hijos.

Y ante esa falta de ética, ante ese ruido de egos disfrazados, una parte de mi decidió retirarse. Elegí el silencio no por falta de fe, sino por un exceso de respeto hacia lo sagrado. Vi a tantos buscadores espirituales convertirse en estatuas de mármol... muy "presentes", sí, pero tan fríos que habían perdido la capacidad de estar con sus familias, hacer el ridículo, de tener pasión, de tener humor.

Kintsugi

Yo también lo intenté

A veces, para avanzar, tenemos que caminar hacia atrás. No para quedarnos a vivir en el pasado, sino para recuperar las llaves que dejamos tiradas en el camino mientras corríamos hacia una perfección que no existe.

Desde mis 22 años en adelante, intermitentemente intenté tener esa voz suave y esas palabras cuidadosas. Me puse el "traje" de la espiritualidad porque era la excusa perfecta para no ser "la conflictiva" y no tocar mi propio dolor. Pero, mientras intentaba ser "perfecta", mi magia se iba apagando.

Yo me recorté también pedazos de mí para poder encajar, por un "deber ser", y me perdí en ese intento. Perdí mi magia. Lo que más me daba vergüenza era, en realidad, mi mayor fortaleza y lo que me hacía más feliz: mi sensibilidad, mi arte, mi forma de ver y querer hacer un servicio con eso.

Estuve con gente que me dijo que "no había entendido nada"; curiosamente, esas personas eran las que más maltrato ejercían en su práctica. En cambio, estuve llena de personas que me decían que me pusiera a trabajar y que confiaron en mí. Eso me dio la fuerza... pero en mi interior yo seguía sintiendo esas voces. Me sentía una extraña tanto en el mundo científico como en el espiritual. De alguna manera, en algún lugar de mí y del mundo, desaparecía.

Sé que esta sensación de desaparecer o no encontrarse es común. Lo veo cada día en consulta, en talleres y en la vida: cuando uno se pone un traje, comienza a "acomodarse" para seguir adelante y se olvida de quién es.

Siempre he amado lo que hago, aunque he tenido momentos de agotamiento total donde puedo ver las otras partes que se han sentido invisibles por mi trabajo. Pero hoy, en esta recomposición amorosa, sé que somos como uno de esos floreros que se quiebran y luego se pegan con oro (Kintsugi).

En esa reconstrucción, en esas cicatrices doradas, radica nuestra integración y nuestra más profunda belleza.

No estás aquí para borrarte o ser un zombie

He aprendido que la espiritualidad, si no tiene los pies bien puestos en la tierra, no es más que otra forma de escapismo y de rechazo. No viniste a este planeta para convertirte en un eco educado y neutral. Al contrario: las personas más apasionantes —y más verdaderamente “espirituales”— que conozco son seres desordenados, valientes y profundamente vulnerables; personas que están en su búsqueda y que a veces pierden el rumbo para luego volverse a reencontrar: esto si es magia y es lo que más admiro del ser humano)

Viniste a ser real. Viniste a tener opiniones. Viniste a meter la pata. Viniste a reírte a carcajadas de lo absurdo, a ser salvaje y, sí, viniste a ser "rara/o", si eso es lo que tu alma pide hoy.

Ojalá, sobre todo en estos tiempos, por sobre todo conserves tu humor como algo muy sagrado. No dejes que la espiritualidad o la terapia te convierta en un muerta/o viviente. Deja que la vida te abra, te sacuda y te devuelva a ti misma.

El viaje de regreso a casa

Pasé la última década estudiando neurociencias para comprender cómo el cuerpo procesa el trauma. Me he sumergido en el estudio de la neuroplasticidad positiva junto a la meditación, algo que me fascina profundamente porque nos demuestra que, de hecho, podemos cambiar nuestra propia biología.

Para mí, esta base es fundamental: lo energético es lo mismo que lo emocional, lo mental y lo físico. No hay fronteras; son dimensiones de lo mismo. No hay diferencia. Necesitaba este fundamento para que mi trabajo tuviera pies y para recordarte que la verdadera transformación no sucede en el aire, sino en tus propias células..

Porque ningún entendimiento es suficiente: entender no transforma. La transformación es una experiencia que se siente y se vive en el cuerpo. Necesitaba esa bajada a tierra para integrarlo en nuestra biología y comprender, aunque sea un poco, el sistema nervioso.

Abro las puertas de este espacio sin lucha, porque entiendo que mi resistencia era, en realidad, mi mayor compromiso con la ética. No busco seguidores; busco acompañar a personas que puedan ser maestra/os y guías de sí misma/os.

Como decía Ram Dass: "Solo nos estamos acompañando los unos a los otros a casa". Mi trabajo no es adivinarte el futuro, sino ayudarte a recuperar las llaves de la biografía de tu alma. Es un espacio de automaestría para que dejes de escuchar el ruido de afuera y habites tu presente con una paz que se sienta en los huesos, no solo en la mente.

He abierto espacios limitados para estas sesiones de analización o Lectura Intuitiva y Claridad. Si sientes que has llegado a un portal en tu vida y te falta la llave, o si simplemente necesitas recordar quién eres más allá de las etiquetas, será un honor para mí acompañarte.

"La existencia no admite representantes". Jorge Bucay

Con amor y con claridad

Marcela.

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Tu diseño es sagrado

Hay un mapa trazado en tus células y en las estrellas que solo tú puedes recorrer en esta Tierra.

Escribo cartas semanales para aquella/os de nosotros que buscamos recordar quiénes somos más allá de las máscaras. Es un espacio para integrar tu biología, tu historia y ese mapa sutil que te hace única.

Deja tu correo para recibir mis notas sobre neuroplasticidad, intuición y el arte de volver a casa.